--La adoración nocturna femenina y Alexia

 

 




En la fotografía se ve el Templo Eucarístico diocesano de San Martín de Tours, de la Adoración Nocturna Femenina Española.

Está situado en la calle Desengaño, nº 26,
en el centro de Madrid,
muy cercano a la Gran Vía
y a la Plaza de Callao.

En este templo
se encuentra la tumba
de la Sierva de Dios
Alexia González Barros


LA ADORACIÓN NOCTURNA FEMENINA ESPAÑOLA

La Adoración Nocturna de la Eucaristía, nació en Roma en 1810, y hoy se encuentra extendida por numerosos países de los cinco continentes. Al comienzo agrupaba exclusivamente a varones.

En 1925 surgió en Valencia un grupo de Adoración Nocturna Femenina que se difundió por diversas diócesis españolas. En 1950, durante el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, se celebró la I Asamblea, de la que surgió la Adoración Nocturna Femenina Española (ANFE). En 1951 se fundó el primer Consejo Diocesano de Madrid.

En el año 1997, la ANFE diocesana de Madrid trasladó su sede de la calle Princesa 81, al Templo Eucarístico Diocesano de San Martín de Tours, en la calle del Desengaño 26.

Desde entonces se viene adorando al Santísimo Sacramento, de lunes a sábado (las cuatro semanas del mes), desde las 10 de la noche a las 7 de la mañana, con la finalidad de que Nuestro Señor esté acompañado ininterrumpidamente.

...Y ALEXIA

En cierto sentido, Alexia fue también adoradora nocturna. Pasó largas noches rezando, a causa de los dolores y su forzada inmovilidad.

Cuando el cansancio la vencía, le pedía a su madre: "Mamá, dile a Jesús que le quiero" para que ella continuase la oración.

Agradecemos al Señor que Alexia esté definitivamente en San Martín, rodeada del cariño de tantas adoradoras que la han acogido como alguien muy suyo, y acompañada por los numerosos devotos que a lo largo del día, tras visitar al Señor en el sagrario, se acercan a ella y, ante sus restos, se confían a su intercesión.


Alexia, alma de Eucaristía

Desde muy niña, Alexia sintió una devoción muy especial a Jesús Sacramentado, devoción que, con los años, se hizo aún más intensa.

Su genuflexión ante el Sagrario, mientras tenía fija en él su mirada, no era un gesto rutinario de piedad. La pausa y la atención con que la hacía evidenciaba un gesto de amor y de adoración, que desde muy pequeña, acompañaba con esa frase suya: "Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras".

En esos momentos de acercamiento a la presencia de Jesús en la Eucaristía, Alexia le pedía cumplir siempre Su voluntad, y Él la escuchó.

Valoraba mucho las visitas al Santísimo. Se sentía atraída hacia el Sagrario. En su época de colegiala no desaprovechaba ocasión de entrar en la capilla del colegio, a veces, aunque fuera por unos breves instantes. Sus compañeras recuerdan cómo las invitaba a que hicieran con ella la Visita al Santísimo.

Durante su enfermedad, acudía a los oratorios de las diferentes clínicas en las que estuvo hospitalizada cada vez que la llamaban a cualquier prueba o tenía que acudir a hacer la rehabilitación. No perdía ocasión de sentirse más cerca de Jesús.

En su oración personal, le invocaba constantemente: "Jesús, yo que te he querido siempre", o "Mamá, dile a Jesús que le quiero", eran frases frecuentemente repetidas.

Su recogimiento en el momento de la comunión, su cuidadosa preparación previa y su prolongada acción de gracias después de comulgar eran momentos en los que ella, en frase suya, "se metía para adentro" y pedía que no se la distrajera:

-"Ahora dejadme tranquila, que yo tengo que estar con Jesús".


 

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