----El capellán de la Clínica Universitaria
-- habla sobre Alexia
Entrevista en Ecclesia digital

 

jueves, 12 de febrero de 2009

 

¿Usted conoció a Alexia?

Sí, mucho. La conocí nada más llegar a la Clínica de la Universidad de Navarra en julio de 1985, y prácticamente la visité a diario hasta que murió el 5 de diciembre del mismo año.

Todo fue fácil desde el principio, Cuando yo vivía en Madrid traté a su hermano Alfredo (entre otras cosas, hacíamos 'deporte juntos con frecuencia), yeso facilitó mucho las cosas.

Por otra parte, me considero biógrafo autorizado de Alexia, ya que durante aquellos seis meses la traté mucho e hice gran amistad con toda la familia, sobre todo con sus padres y con Damián, el hermano de Alexia que pasó más tiempo en Pamplona.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Cuando Alexia muere, lo primero -y lo único- de que disponemos es una carta que ella escribió a sus compañeras del Colegio de Madrid pocos días antes de fallecer. Esa carta está recogida como apéndice en mi libro y es una joya, ya que muestra el grado de madurez de Alexia.

Puedo garantizar que la carta es auténtica, y ahora me lamento de que tuve en mis manos el texto escrito por su padre mientras Alexia le dictaba (recuerde que estaba inmóvil de brazos), pero lo tiré (se entendía muy mal, ya que la había escrito apoyado en las rodillas).

Sin embargo, ese texto me sirvió mucho cuando me invitaban a contar anécdotas de mi trabajo en la Clínica. Poco después, con fecha 7 de marzo de 1986, nos llegó un breve relato que Moncha, la madre de Alexia, envió a las personas (médicos, enfermeras, amigos, capellanes, etc.) que habíamos tratado a su hija. Recogía con mucho detalle el tiempo de enfermedad y la muerte de Alexia.

Era un relato emocionante.

Confieso que yo, castellano viejo, bien poco emotivo, lo leí de un tirón y lloré.

Ese texto fue el que sirvió de base a la Madre Ma Victoria Molins cuando escribió, en julio de 1986, su libro Alexia, Experiencia de amor y dolor vivida por una adolescente. (…)

Tuvo tanto éxito el libro de la Madre Molins (4 ediciones en 1986), que se pensó en hacer un relato más amplio, que recogiera toda la vida de Alexia.

Ahí entro yo. Jesús Urteaga, que por entonces dirigía alguna colección de libros· en la editorial Palabra, les dijo a los padres de Alexia que yo me podría encargar de esa tarea. Como es lógico, la madre de Alexia me proporcionó mucho material, y en 1989 estaba el libro en la calle. Ahora va por la 78 edición.

Lo que puedo asegurar es que ese libro surgió de un encargo recibido en 1988 --que realicé con gusto, por supuesto- y que a mí, ni a nadie de los que estábamos en la habitación cuando Alexia murió se nos pasó por la cabeza la idea de su eventual canonización. (…)

¿ Cómo era Alexia?

Quien haya leído cualquiera de los libros publicados verá que Alexia era una muchacha muy normal, estudiosa, alegre, divertida, culta, piadosa...

Aunque habría que precisar lo que se entiende por normalidad, ya que algunas de esas cosas tal vez hoy no se consideren normales...

Había recibido una buena formación en su familia y en el Colegio, y luego la enfermedad; la dura enfermedad que sufrió, la hizo madurar deprisa. La Alexia que yo conocí en la Clínica tenía cosas de niña (14 años) pero a la vez mostraba rasgos de notable madurez.

Destacaría su alegría y su constante preocupación por los demás: conocía muy bien a todos los niños de la Planta de Pediatría, y se preocupaba por cada uno de ellos. La descripción que hace de algunos en la carta que escribe a sus amigas del Colegio es una buena muestra.

¿Usted considera que hay motivos para promover su proceso de canonización?

Eso tendrá que decirlo la Iglesia. El Proceso está en marcha, esperando su tumo en Roma, en la Congregación de las Causas de los Santos. Recuerde que hay cientos de causas y hay que esperar que le llegue su tumo.

La llegada de un milagro podría adelantar la Causa, y eso es lo que todos los devotos de Alexia estarnos esperando.

 

 

Miguel Ángel Monge

Capellán de la Clínica Universitaria de Navarra

 


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