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Alexia y los pastorcitos de Fátima

 
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Alexia tenía una gran devoción a los niños de Fátima y por eso se llevó una gran alegría en 1981 cuando su hermano Jose Damián, al regreso de un viaje de estudios a Lisboa, le trajo como regalo un libro con las vidas de Francisco y Jacinta.

Sabía que en agosto de 1954, durante un viaje a Portugal, sus padres y sus abuelos habían conocido personalmente a Manuel y Olimpia Marto, los padres de los videntes. Los habían visitado en su casa de Aljustrel, donde habían vivido los niños.

Allí departieron largamente en una conversación amable y distendida, tanto que el abuelo de Alexia se atrevió a preguntar al Senhor Manuel si alguna vez había dudado que los niños hubieran visto a la Virgen. Éste le respondió sin vacilar y con energía: ¡Eu sempre acreditei! ¡Yo siempre lo creí!

Durante su enfermedad Alexia tuvo a su lado una estampa con la reliquias de Francisco y de Jacinta. Esas estampas le inspiraban una devoción llena de ternura, y era frecuente que hablase de ellos.

La devoción al Ángel Custodio, el rezo del Santo Rosario, la oración por la Iglesia, por el Papa y por la conversión de los pecadores a la que alentaban los pastorcitos de Fátima fueron también una constante en la vida de Alexia y de un modo muy intenso, durante su enfermedad.


 

 

 
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