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Alexia, por la doctora Pilar Herranz

 
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Enjunio de 1985, conocí a Alexia porque fue paciente del Departamento de Oncología de la Clínica Universitaria de Navarra a cuyo equipo pertenezco.

Desde el primer momento, se estableció una corriente de simpatía con aquella chiquilla que venía a nosotros en unas condiciones dramáticas, no sólo por la gravedad de la enfermedad, sino porque ésta le había producido una parálisis que la tenía prácticamente inerme.

A pesar de las condiciones en que se encontraba, nunca la vi triste ni abatida; por el contrario, cuando pasábamos diariamente la visita y le preguntábamos cómo se encontraba, siempre respondía :"Bien", mientras nos miraba sonriendo, sonrisa que me llamó siempre la atención.

Alexia era muy delicada y afable, creo que se preocupaba más de nosotros que de sí misma. Nunca atraía la atención hacia ella. Enseguida percibí que era una niña muy piadosa, que vivía su enfermedad con un gran sentido sobrenatural, ofreciéndolo todo.

Yo -y como yo, muchas otras personas- le pedía que encomendara mis asuntos: problemas familiares, enfermos que me preocupaban, la buena marcha de la Clínica y ella hacía suyas estas peticiones.

¿Por qué encontraba natural encomendarle aque lo que me preocupaba? Porque había algo en Alexia que me hacía pensar que aquella niña estaba muy cerca de Dios.

Recuerdo que cuando estaba ingresada y tenía que salir de su habitación para algún tratamiento que lo requería, nunca dejaba de pasar por el Oratorio para estar un rato con el Señor. En una de esas ocasiones que la vi, me acerqué a ella, que estaba muy recogida rezando delante del Sagrario, para que me encomendase un asunto profesional y personal muy importante.

Asintió encantada, ¡con su sonrisa de siempre!

Creo que esta niña era enormemente rezadora. Mi impresión era que tenía un diálogo muy intenso con el Señor, la Virgen y su Ángel Custodio. Su mirada limpia y directa parecía traslucir su alma igualmente limpia y, sobre todo, la alegre aceptación de su enfermedad, ya que, a pesar de las duras condiciones en que se encontraba, no recuerdo haberla visto quejarse nunca, aunque objetivamente no le faltasen motivos, pues tras cuatro operaciones —dos realizadas en Madrid y dos aqui en la Clínica— además de un agresivo tratamiento de quimioterapia y radioterapia, sus condiciones físicas eran muy precarias.

Sin embargo se la veía siempre con una gran serenidad y fortaleza, fundamentada, en mi opinión, en su fe en Dios y en su entrega a lo que Él dispusiera.

Creo que Alexia vivió su enfermedad heroicamente. Por mis manos han pasado muchos enfermos y todos con una dolencia grave como es el cáncer. Les he visto sufrir y frecuentemente con gran entereza. ¿Por qué Alexia me parece excepcional?

En primer lugar porque sus condiciones eran especialmente dramáticas dada su tetraplejia pero, sobre todo, porque vivió su enfermedad alegremente, con absoluto sentido sobrenatural, rezando, ofreciendo y apoyándose en Dios en todo momento; por eso nunca hubo en ella queja ni amargura y sí, en cambio, una paz y serenidad infinitas.

Igual que le pedía en vida que encomendara mis intenciones, lo sigo haciendo ahora, segura de que intercederá por nosotros ante el Señor. Considero un privilegio, una gracia de Dios, el haberla conocido, porque pienso que he tenido por paciente a una niña santa.

Dra. Pilar Herranz. Pamplona

 

 

 

 

 


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