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Alexia. Recuerdos de un médico que la atendió

 
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Traté a Alexia desde su ingreso en la Clínica Universitaria de Navarra el 12 de junio de 1985 hasta el día de su muerte.

Bajo un punto de vista médico, la historia de Alexia desde el comienzo de su enfermedad fuebastante lamentable.

Toda ella, de comienzo a fin, está marcada por dos constantes totalmente contrapuestas a la naturaleza del ser adolescente: el dolor y la inmovilidad.

Padeció un proceso caracterizado por dolor casi continuo (cefaleas y dolores con origen en región cervical que irradiaban a las extremidades superiores con pérdida de fuerza y alteraciones sensitivas y motoras).

Finalmente, este cuadro desembocó en una paraplejia causada por un tumor de Ewing que comprimía la médula espinal y destruía vértebras y partes blandas adyacentes.

Aquí se le practican dos operaciones los días 27 de junio y 9 de agosto de 1985 y a partir del mes de septiembre se la somete a un tratamiento de radioterapia y quimioterapia.

Fueron meses de gran dureza respecto al rigor de los tratamientos: cirugías, postoperatorios, sondas, rehabilitación, movilización pasiva de miembros dolorosos, úlceras de decúbito, infecciones interrecurrentes, problemas de nutrición y un largo etcétera, son puntos que discurren en su historial clínico de forma constante.

Y además dolor, un importante dolor físico. Pero siempre se obtenía de ella un gesto de amor humano y felicidad. Palabras amables, un pequeño regalo por mi cumpleaños, sonrisas, nunca un reproche ¡en tantos meses de dolor!

En noviembre se inicia un nuevo y final cuadro clínico. La enfermedad penetra en el cerebro dando lugar a unas intensas cefaleas. Tras dos semanas de gran dolor, fallece el 5 de diciembre.

Casi siempre las historias clínicas de los niños tienen rasgos que nos impactan, no es fácil ver sufrir a un niño, mirarle a los ojos y entenderlo. No hay razonamientos humanos válidos. Sólo se explica con sentido sobrenatural. ¡Dios sabe más!

Sin embargo, no recuerdo una Alexia triste, llorosa, la recuerdo siempre alegre, sonriente, comunicativa, como a la más sana de las adolescentes, llamaba la atención por su alegría.

Nunca le vi hacer nada fuera de lo normal, pero todo su comportamiento a lo largo de aquellos meses fue extraordinario.

Lo que se percibía es que se estaba ante una niña piadosa, más de una vez la sorprendí rezando el Rosario o el Ángelus.

Noté que cuidaba su vida de piedad en cómo observaba el ayuno eucarístico a pesar de que su madre le recordaba que en su situación no era obligatorio.

Lo más admirable en Alexia no era sólo la aceptación de la enfermedad sino aceptar que en el plan de Dios para su vida estuviera esa enfermedad.

Sé que su fama de santidad se ha extendido fuera de nuestras fronteras. Yo tengo una experiencia personal: con ocasión de ir a dar una conferencia en un hospital de Montevideo, conocí a un médico cuya esposa, al enterarse de que yo trabajaba en la Clínica Universitaria de Navarra, me dijo que ella había leído el libro de Alexia y que le había ayudado mucho; por eso lo recomendaba a sus amigos y familiares. Me pidió que yo le contase más detalles de su vida.

Ha pasado el tiempo, pero sigue inalterable en mi recuerdo la serenidad y I a alegría de Alexia en medio del dolor.

Dr. Luis Sierrasesúmaga

Médico Oncólogo Pediatra

Pamplona

 

 

 

 

 
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