Yo la conocí

 

Alexia, "profe de fe"


Hace poco más de cuatro años de aquella conversación que no me dejó dormir.

Había hablado por la tarde con Moncha la madre de Alexia, y me había contado, serena pero emocionadamente, los últimos días de aquella niña —que yo había conocido de pequeña— y que hoy asombra a muchos miles de personas en todo el mundo.

Fue al día siguiente, despues de rumiar mucho, cuando pensé que hechos como aquél no podían quedarse en el silencio. Tenían que proclamarse para gloria de Dios que hace maravillas en sus criaturas.

Primero pensé en un artículo, más tarde, con alguna carta en mis manos, en un folleto y con el relato vivo y entrañable de su madre pensé en el libro que hoy tantos y tantos conocen.

Puedo hablar de él, aunque sea mío, porque es un libro de los que no son de ‘autor’’ sino de ‘‘actor’’. Al leerlo uno se olvida del que lo escribió para entrar en quien lo vivió. Y eso es lo que se perseguía.

Es más, se entra a través de Alexia, que vivió aquella aventura de ‘‘dolor y amor’’, en el Otro que abarca y llena toda la existencia humana: en el Señor.

Desde entonces lo he comprobado en múltiples ocasiones. Qué de cartas!, qué de llamadas telefónicas!, qué de alusiones a ‘‘ese libro que me leí de un tirón’’!

Cartas de distintos y distantes lugares, cartas en diferentes idiomas. Pero todas con un denominador común: “no sabe el bien que me ha hecho”.

Voy a hacer alusión a la última, que es de una joven que conocí el verano pasado. Recoge lo que otras muchas, de distintas maneras, me han ido diciendo en estos años:



‘‘Hace unas semanas, casi no me acordaba de lo que hablamos este verano, cuando encontré la lista de libros que tú me recomendaste.

Me fuí a la librería ‘‘La Pastoral’’ que está en la Casa Diocesana de aquí y pregunté si tenían un libro que se llamaba “Alexia”.

Me dijeron que sí, que me lo llevara, que se vendía mucho para gente como yo y que me gustaría. Lo compré.

No me imaginaba de qué se podía tratar ni tampoco que fuese un hecho real.

Para empezar, la carta de introducción me emocionó muchísimo, no sólo por lo bien que estaba escrita, sino por su contenido.

Podría ir describiendo en qué momento las lágrimas me corrían pór la cara cuando iba leyendo...

Desde las primeras páginas era como si conociese a Alexia, fuese mi amiga y yo siguiera todo “lo suyo” junto a ella, paso a paso, y lo fuese viviendo, y al final viese que se me iba ‘‘mi profe de fe’’.

Sí, de verdad, yo antes me creía una persona con algo de fe, pero no como Alexia, ni muchísimo menos. Ella me enseñó muchísimas cosas y por eso la llamo ‘‘mi profe de fe”.

Hay detalles de afectividad y delicadeza que me encantan, como cuando llamó a la enfermera le dijo que la quería mucho y le dió un beso, cuando pidió a su madre que le escribiera los nombres de las personas por las que quería pedir cada día...

Esta es la historia que te quería contar, ¿qué te parece? Fue una experiencia tan grata que estuve difundiéndola”.



Creo que de todos los elogios que he oído de Alexia, éste es el que más me ha gustado en la jerga juvenil: ‘‘profe de fe’’.

Sí, esta joven ha sabido definir lo que está haciendo Alexia desde el Cielo, en estos pocos años que nos separan de su “paso al Padre’’ ella está siendo una verdadera maestra de fe.

Porque sólo desde la fe profunda, vivida en el amor, se entiende su aventura espiritual.

Como homenaje cálido a nuestra querida Alexia, vaya este deseo de que, junto a ella, muchos jóvenes crezcan en la fe.


M. Victoria de Jesús Molins, S.T.J.
(Barcelona)

 



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