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-- Alexia, por Isabel Olmedo, s.t.j.,
--- su tutora en el Colegio "Jesús Maestro"

 
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He sido tutora de Alexia precisamente el año que ella se puso enferma. Era una niña sencilla y muy normal. Era alegre, buena compañera, muy trabajadora y ordenada. Sabía rodearse de buenas amigas.

Una de ellas, llamada Laura, fue un día a verla acompañándome a mí porque Alexia le pidió que fuera a visitarla, porque aquéllos días se encontraba un poquito mejor. Laura se conmovió al verla tan alegre. Ya en el ascensor le pregunté: "¿Te has impresionado?"

-Sí —me respondió— pero para bien.

Y ¡quién lo iba a decir!, esta niña se mató en un accidente de coche regresando del veraneo, precisamente ese año. Así es que en el año 1985 se murieron dos niñas de mi clase.

Me llamaba la atención lo piadosa que era Alexia. En el Cuarto de Hora de oración, se la veía muy recogida y atenta. Durante el Rosario era la única que sacaba el suyo y rezaba. Con frecuencia, la veía hacer visitas al Santísimo en el Oratorio.

Con sus compañeras, era muy buena amiga; recuerdo que en más de una ocasión se ofreció para explicar algo a otra niña que había faltado a clase unos días. Cuando Alexia enfermó, sus compañeras de clase se volcaron con ella, prueba de lo mucho que se había hecho querer.

Lo que a mí realmente me ha impresionado ha sido la alegre aceptación de su enfermedad. Muy a final de curso —era el mes de junio— vino a despedirse de sus compañeras sin importarle el tener que hacerlo en una silla de ruedas y completamente calva. Trajo un precioso ramo de flores, que dejó en el Oratorio, y una espléndida caja de bombones para la clase.

Cuando ya se iba le dijo a las niñas que rezaría para que aprobasen el curso, pero sobre todo "para que viváis en gracia siempre". Más de una de las que estábamos allí tuvimos que hacer un esfuerzo para que no se nos saltaran las lágrimas.

Siempre que he ido a verla, la encontraba sonriente y haciendo elogios de todos los que la cuidaban. Agradecía muchísimo el que fuera a verla, pero no sabía que la agradecida era yo, pues me hacía mucho bien.

Cuando la trajeron ya muerta, tuve oportunidad de verla porque en el cementerio destaparon la caja. De verdad que estaba guapísima. Tenía un color como de marfil y una expresión de gran paz.

Camino del cementerio pasaron por delante del Colegio, para que ella se despidiera. Bajaron las niñas de su clase hasta la barandilla y, muy emocionadas, en voz alta rezaron un avemaria.

Una de ellas, que andaba un poco despistada y muy fría, dio un cambio espectacular. A mí me parece que Dios la ha purificado con su enfermedad, para llevársela como un ángel al Cielo.

Alexia me parece un ejemplo muy aleccionador para las niñas, por eso yo hablo mucho de ella a mis alumnas, porque creo que les hace mucho bien el saber que en una niña como ellas, si es fiel a la gracia, el Señor puede hacer cosas grandes en su alma.

Doy gracias a Dios por haber sido su tutora, pues tengo el convencimiento de haber tenido una alumna santa, a cuya intercesión me encomiendo diariamente.

Hna. Isabel Olmedo S.T.J.

Colegio Jesús Maestro

 

 

 

 

 


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